No digo ninguna banalidad si afirmo que Final Fantasy es una de las mejores franquicias de la historia de los videojuegos. Su argumento rompe con todo. En cada nueva entrega, la serie se ha reinventado a sí misma, ofreciendo cada vez una historia original, plagada de impresionantes y coloridos personajes. De cada uno de los proyectos Final Fantasy ha nacido una auténtica obra maestra.
La historia de Final Fantasy XIII comienza en la inmensa ciudad futurista de Cocoon, completamente aislado en el espacio. La ciudad, creada por Crystal, una entidad divina, siempre ha sido próspera. Cocoon (el Nido) es un mundo dirigido por el gobierno del Sanctum y contrapuesto a Paals (el inframundo) entre los cuales se han librado terribles batallas culminadas en la paz propiciada por los fal’Cie, protectores de ambos mundos, suministradores de vida.
Una de las cualidades principales de Final Fantasy XIII es, sin duda, sus gráficos. Hay un efecto real de fuegos artificiales, color y realismo del que disfrutaremos como nunca. La transición a la HD es un verdadero éxito y el motor de Crystal Tools hace maravillas. Los personajes están muy bien modelados y sus animaciones son perfectas. Los enemigos del juego no quedan al margen y la variedad de monstruos es tremenda. Llama la atención sobre todo cuando nos enfrentamos a enormes criaturas y nuestros personajes humanos resultan ridículos.
Los productores pensaron en hacer un videojuego totalmente original, sin embargo, tengo la sensación más bien contraria porque realmente toma prestados todos los aspectos que han hecho triunfar a los FF. La ciudad de Cocoon, una especie de gran ciudad industrial, donde aún hay injusticias, no está exenta de recordarnos Midgard, la ciudad de salida de Final Fantasy VII. En cuanto al sistema de batalla es cierto que resulta más innovador (sobre todo más dinámico) pero recuerda mucho a Final Fantasy XII.

No debo olvidarme de lo que para algunos es el punto débil principal del juego y para otros una gran ventaja: el síndrome del corredor de videojuegos. Final Fantasy XIII tiene una progresión muy lineal, donde nos enfrentamos de vez en cuando con monstruos al azar. La ciudad de Coccon no tiene tiendas (algo bastante sorprendente en un juego de rol). Básicamente el juego consiste en avanzar “to tieso” como dicen en mi pueblo matando monstruos. “Sólo” tras veinte horas de juego serás libre de moverte por donde quieras en el fantástico mundo de Square Enix. Con esto quiero decir que estamos ante un juego muy largo y con muchos elementos a lo largo de los escenarios que no debes perderte, en ese sentido, los chicos de Hobbytrucos han hecho muy buen trabajo creando una guía de Final Fantasy XIII. En la parte de la ficha del juego nos encontramos con una breve sinopsis que puede resultar un poco confusa a quienes no conozcan la saga: en ella se habla de los fal’Cie y de dos bandos enfrentados.
La guía elaborada por Hobbytrucos se compone trece capítulos más el combate final. Cada una de estas partes se compone del propiamente dicho walkthroug, en el que se detallan los pasos que tienen que dar los personajes, los objetos que hay en el camino, los trofeos… Pero probablemente la sección más importante de cada capítulo tiene que ver con el inventario de monstruos; en él se detallan las diferentes bestias que encontramos en cada episodio y se detallan datos como vitalidad, resistencia a cadena, punto de aturdimiento, resistencia a estados, botín, botín raro y a qué elementos resulta vulnerable. Esta es probablemente la parte más desarrollada y en la que la guía escrita por los chicos de Hobbypress se diferencia del resto de guías que hay en la red. El último elemento de la guía incluye una descripción del monstruo final de cada episodio con consejos para destruirlo.
En definitiva, estamos ante una guí útil para pasarse el juego (que es de lo que se trata). Sin embargo, bajo mi punto de vista no habría venido mal una sección en que se detallaran las historias de cada uno de los personajes de esta aventura (algo esencial en un juego de rol). Una guía que nos permitirá regocijarnos con la espectacularidad de las invocaciones en un título que más que un videojuego parece una película.